No sólo el casco urbano de Mérida tiene el privilegio de contar con un conjunto arqueológico importante. La comarca de Mérida está plagada de restos que la historia ha dejado diseminados por su geografía. A continuación se ofrecen alternativas para excursiones cortas en el entorno de la ciudad.
 
 

1. EMBALSE DE PROSERPINA

A unos cinco kilómetros al noroeste de la ciudad se encuentra este embalse romano. La obra del dique, uno de las más grandes de la antigüedad, tiene 425 metros de largo por 21 metros de altura y cierra un vaso natural en el que confluyen dos arroyos, aparte de recoger aguas de lluvia y de algún manantial.

Aguas abajo el dique está estribado sobre un gran espaldón de tierra. Adosadas a la presa y embutidas en el espaldón dos torres desde la que se accedía a las tomas de agua que estaban a distintas alturas del muro. De estas torres, el agua pasaba a la conducción hidráulica que llegaba al norte de la ciudad antes de atravesar el valle del Albarregas por el acueducto de los Milagros. A la presa se adosa un importante lavadero de lanas del siglo XVIII.

El embalse es unas de las grandes zonas de esparcimiento de la ciudad, sobre todo en verano, gracias a las zonas de baño que se han preparado, además de la instalación de chiringuitos y construcción de caminos perimetrales a lo largo del embalse cuya Presa también es de origen romano.

Por lo alrededores, encontramos importantes extensiones de dehesas que acogen especies de aves como la Culebrera Europea, Águila Calzada, Milano Negro o Cigüeña Blanca. En las orillas del embalse se puede observar Martinetes, Garcetas Comunes, Garzas Reales, etc.

2. EMBALSE Y PARQUE NATURAL DE CORNALVO

Tras ver el Centro de Interpretación del Parque Natural, con el que nos toparemos nada más dejar la vía auxiliar, en el acceso al propio Parque, tendremos que recorrer unos cuatro kilómetros hasta llegar al embalse.

Se ubica este embalse al noroeste de Mérida, en la cabecera donde se inicia la conducción hidráulica de Aqua Augusta, que proporcionaba aguas a toda la zona meridional de la ciudad. Recoge en una cerrada entre dos colinas las aguas que vienen encauzadas por canales y represas construidos en la Sierra Bermeja, así como las aguas procedentes de manantiales existentes en el propio vaso de la presa. Luego, durante un recorrido de unos 15 kilómetros, se van sumando a la conducción principal canales que traen aguas de distintos manantiales, como el de Borbollón por ejemplo. En lo conservado, el dique tiene 200 metros de largo por 18 metros de alto.

La mayor parte del Parque Natural está cubierto por dehesas de encina y alcornoque; y formaciones boscosas de matorrales y arbustos, aunque también se pueden observar especies como el madroño, lentisco, jaras macho o helecho común. En cuanto a la fauna se pueden contemplar más de 250 especies de vertebrados, destacando entre los mamíferos el Gato Montés, en peligro de extinción, y entre los anfibios, el Sapo Partero Ibérico. Mientras que desde el punto de vista de la ornitología están catalogadas hasta 155 especies de las que hay que destacar la Cigüeña Negra, Buitre Leonado, Águila Imperial, Milano Negro y el Elanio Común entre otras muchas. Está catalogado como ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves)

3. TERMAS Y CASTILLO DE ALANGE

A 27 kilómetros al sur de Mérida, en un paraje de singular belleza, se erigieron en tiempos de la dinastía Flavia unos baños de aguas salutíferas (balnea) que recibieron el nombre de Aquae. Aún podemos disfrutar de las aguas curativas de este balneario, de probada eficacia como demuestra la inscripción que vemos en el patio de acceso a las instalaciones. En ella el gobernador de la Capadocia, Licinio Sereniano, agradecía a la diosa Juno la curación de su hijita, Varinia Serena.

Buena parte de su estructura original se conserva aún: un edificio rectangular que engloba dos estancias circulares gemelas. Estas estancias tienen muros en cuyas paredes se abren exedras que soportan el peso de las enormes cúpulas hemisféricas. Éstas rematan en un óculo circular, semejante a los del famoso Panteón de Roma, desde donde penetraba la luz y el aire.

No podemos dejar de ascender a los restos de la fortaleza conocida como “Castillo de la Culebra” y que corona la colina que linda con el pueblo. Desde sus murallas tendremos ocasión de ver uno de los más bellos paisajes de Extremadura, con la presencia del grandioso pantano de Alange en primer término.

En este castillo se refugiaba el levantisco Ibn Marwan, el emeritense que fundó Badajoz, cada vez que se alzaba en el siglo IX contra los omeyas cordobeses. Tras su toma por los cristianos en 1234, Fernando III se lo donó a la Orden de Santiago, a cuya época pertenecen casi todas las piezas que aún se conservan, la torre del homenaje entre ellas.

4. DOLMEN DE LÁCARA

Los dólmenes fueron obras de funcionalidad funeraria en cuya construcción se implicaba toda la comunidad. Eran lugares de culto, hitos de poder y demarcación territorial pero, sobre todo, servían de tumba para grupos de personajes destacados del Neolítico Final y los albores de la Edad del Cobre.

El del Prado de Lácara se ubica, hoy, en un hermoso paisaje adehesado. Presenta un largo corredor, de unos 20 metros de largo, dividido en tres partes. Éste da acceso a una cámara sepulcral de planta poligonal de unos 5 metros de diámetro. Está formada por cinco grandes piezas de granito (ortostatos), de más de 5 metros de altura, sobre los que apoyaban otras tantas losas ciclópeas que no se conservan. Todo el conjunto iría enterrado bajo un gigantesco túmulo de tierra.

Es, a día de hoy, el dolmen más grande de la Península y formaba parte de un territorio dolménico que recorría toda la Sierra de San Pedro.

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