Luxuria. Los placeres de Augusta Emerita
«blandum etiam malum luxuria, quam accusare aliquando facilius est quam vitare».
«La luxuria es un dulce veneno más fácil de acusar que de evitar».
SALA I
Los banquetes en los triclinios
Los banquetes romanos se celebraban en los triclinios, donde los comensales comían recostados en lechos en lugar de sentados, una costumbre de origen oriental asociada al lujo y al alto estatus social. Esta postura facilitaba comer y beber en abundancia y descansar tras el banquete.
Con el tiempo, las mujeres pudieron compartir el triclinio con los hombres, mientras que los niños se sentaban aparte. El comedor solía tener tres lechos alrededor de una mesa, aunque en grandes banquetes se ampliaba el número de plazas. Estas reuniones eran animadas con música, espectáculos y lecturas, lo que generaba un ambiente ruidoso y festivo.
La cocina en Agusta Emerita
La cocina en Augusta Emerita era un espacio fundamental del hogar romano. Las viviendas acomodadas contaban con cocinas fijas y bien equipadas, mientras que la población humilde cocinaba en hornos portátiles o en tabernae. El hogar funcionaba con brasas, tenía problemas de humo y se acompañaba de superficies de trabajo y utensilios básicos. La vajilla era sobre todo de barro, aunque también de metal, e incluía ollas, parrillas y otros instrumentos esenciales para cocinar.
El placer los baños públicos
«balnea vina Venus corrumpunt corpora nostra Sed vitam faciunt b(alnea) v(ina) V(enus)». «Los baños, los vinos, Venus (el sexo) machacan nuestros cuerpos, Pero los baños, los vinos, Venus (el sexo) nos dan la vida».
La gran importancia de las termas en la vida cotidiana de los romanos, consideradas una de sus principales fuentes de placer y bienestar. El acceso a los baños públicos era amplio y económico, sin distinción de clase social o sexo, aunque las mujeres pagaban más y los niños entraban gratis. Su bajo coste los hacía accesibles a casi toda la población.
Las termas ofrecían un recorrido organizado por distintas salas con temperaturas progresivas: vestuarios, zonas de ejercicio, salas templadas, calientes, saunas y, finalmente, baños fríos. Tras el baño eran habituales los masajes con aceites perfumados, la limpieza corporal con instrumentos especiales y otros cuidados estéticos, lo que convertía la experiencia en un ritual de higiene y placer.
Además de su función higiénica, las termas eran espacios de convivencia social y ocio, donde se podía conversar, jugar, hacer ejercicio, descansar o acudir a bibliotecas. Por ello, eran auténticos centros de vida social. El texto concluye mencionando la importancia arqueológica de las termas romanas conservadas en Mérida y, especialmente, las medicinales de Alange, notablemente bien preservadas.
SALA II
El placer de las festividades
Las festividades romanas eran momentos claves para honrar a los dioses y disfrutar en comunidad. En Augusta Emerita, estas celebraciones unían religión, placer y convivencia social
SATURNALIA
Las Saturnalia eran fiestas romanas dedicadas a Saturno, dios de la agricultura, celebradas tras la cosecha entre el 17 y el 24 de diciembre. Durante estos días se exaltaba la libertad y se alteraba el orden social, concediendo la emancipación a algunos esclavos y permitiendo que uno de ellos actuara simbólicamente como “rey de las Saturnales”.
Las celebraciones incluían el abandono de la toga, el uso de vestimentas coloridas y del gorro pileus, bromas y un ambiente festivo general. Además, se realizaban ofrendas para asegurar buenas cosechas y el Estado organizaba banquetes públicos, todo ello como antesala del solsticio de invierno.
COMPITALIA
Las Compitalia eran fiestas romanas de gran participación popular, celebradas tanto en el campo como en la ciudad, en las que tomaban parte todos los habitantes sin distinción social. Estaban dedicadas a los Lares Compitales, divinidades protectoras de las familias y comunidades, y se celebraban en encrucijadas de caminos o calles, donde se levantaban pequeños santuarios llamados compita.
Durante estas fiestas se suspendían los trabajos y se realizaban ofrendas como monedas, tortas de miel y figuras de lana, distintas para libres y esclavos. Parte de los rituales se llevaba a cabo de noche, como indican los restos de lámparas hallados en los altares conservados.
LIBERALIA
Las Liberalia eran fiestas celebradas el 17 de marzo en honor a Liber Pater, dios del vino y la viticultura, asimilado a Baco. Su culto estaba especialmente arraigado entre las clases populares, como viñadores y taberneros, y se le ofrecían libaciones de mosto como primicia.
Aunque se conocen pocos detalles de la festividad, destacaban rituales populares como la venta de pasteles por mujeres ancianas coronadas de hiedra. El aspecto más importante de las Liberalia era la ceremonia de paso a la edad adulta, en la que los jóvenes abandonaban la infancia y vestían por primera vez la toga viril, presentándose oficialmente en sociedad.
FLORALIA
La fiesta de Flora se celebraba del 28 de abril al 3 de mayo para celebrar la primavera y favorecer la fertilidad. Las mujeres, especialmente, participaban lanzando semillas de plantas como habas y guisantes, con un simbolismo sexual, para obtener el favor de la Tierra.
Flora también protegía las mimas y el teatro, y las celebraciones incluían danzas nocturnas con ramos de flores y antorchas. La multitud festiva (turba Floralis) se entregaba a banquetes y a juegos licenciosos, que con el tiempo llegaron a incluir actos sexuales explícitos.
Los espectáculos públicos
TEATRO
El teatro romano, era el lugar de las representaciones teatrales, donde se alternaban tragedias, comedias, mimo y pantomimo, estos últimos los más populares. Los actores eran siempre hombres y usaban máscaras para interpretar también papeles femeninos, excepto en el mimo, donde sí participaban mujeres. En Mérida se documenta una actriz llamada Cornelia Nothis, que posiblemente actuó en el teatro local.
Los teatros, como el de Augusta Emerita, contaban con avanzadas técnicas escénicas y comodidades para el público, como telones con poleas y grandes toldos. También incluían jardines y espacios de recreo, y servían como lugares públicos de representación y culto al emperador.
ANFITEATRO
En los anfiteatros, los espectáculos de luchas de gladiadores es recibían el nombre de Munera y los de caza de fieras, venationes. Por lo general, el programa de un espectáculo comprendía tanto luchas con animales salvajes, por la mañana, como enfrentamientos de gladiadores a partir del mediodía. Para la celebración de unos juegos, los editores solían contactar con compañías especializadas que contaban con un amplio staff a su servicio casi siempre de condición servil: entrenadores (doctores), médicos, masajistas, personal para el entretenimiento y custodia del armamento, cocineros, archiveros, etc.
Antes del combate, los gladiadores calentaban con armas no definitivas (prolusio), en una demostración que tenía mucho de teatral, y, a continuación, se procedía a examinar el filo de las armas (ferra acuta) por quien presidía los juegos (editor muneris). A su término daba comienzo el espectáculo propiamente dicho.
Si atendemos a los textos clásicos y a la iconografía, lo normal es que un combate terminará con lo que Marcial denomina petere missionem, la petición de clemencia. Para eso, el vencido solicitaba la paralización de un combate levantando el índice de la mano izquierda o derecha dependiendo de la que tuviera desarmada, pero no había reglas escritas al respecto.
La mayoría de los combates no eran a muerte, porque formar un gladiador profesional era demasiado costoso como para que fuera ejecutado a las primeras de cambio.
Los perfumes
En la antigua Roma, el perfume era un símbolo de seducción y lujo, y su uso era muy común tanto en mujeres como en hombres. En realidad se trataba de aceites perfumados, mezclas de aceites y esencias con resinas y colorantes para evitar que se evaporaran. Se aplicaban en el cuerpo, la ropa, los zapatos y las pelucas, y también se ofrecían como regalo en banquetes, se mezclaban con el vino y eran imprescindibles en ceremonias religiosas y funerarias.
Aunque muchos autores criticaban el exceso de fragancias, el perfume era muy valorado y se pagaban grandes sumas por los mejores, al punto de que en Roma existía un barrio dedicado a su producción y comercio.
SALA III
Las cuadrigas en el Circo
Es moneda corriente el resumir todos los carros de caballos que corrían en los circos romanos bajo el epígrafe de cuadrigas, cuando lo cierto es que éste se refiere únicamente a los que llevaban uncidos cuatro caballos, de ahí el nombre. Sin embargo, el tiro de un carro podía ser menor (bigae, si era de dos caballos) o mayor (trigae, si de tres, y así sucesivamente hasta un total de diez). Los aurigas comenzaban su carrera conduciendo carros de dos caballos y solo cuando habían adquirido la suficiente destreza pasaban a los de cuatro.
De los carros romanos de carrera nos ha llegado una visión deformada a través de las grandes producciones del celuloide. Vehículos muy pesados y lujosamente decorados se han instalado en el subconsciente colectivo de varias generaciones sin ajustarse a la verdad histórica. En realidad, eran en extremo ligeros porque un buena parte del éxito final dependía de ello.
Las carreras de carros en los circos romanos fue el espectáculo que más pasiones desató. Los enfervorizados seguidores se agrupaban en facciones (factiones), cada una de las cuales identificadas por el color del atuendo de los aurigas: blanca (albata), roja (russata), azul (veneta) y verde (prasina).
Las carreras se desarrollaban alrededor de la spina, una barrera o muro alargado que dividía longitudinalmente la arena, ornamentada con diversos monumentos entre los que destacaban obeliscos, estatuas, templetes o fuentes. En los extremos de la spina se situaban las metae, que marcaban los puntos en los que los carros debían girar.
Dada las velocidades que se alcanzaban en las carreras (en torno a los 75 kmts /h. en las rectas y casi la mitad en las curvas), la profesión de auriga era de las más peligrosas. Los vuelcos de los carros, muchas veces provocados por acciones temerarias, eran habituales y constituían un atractivo añadido.
En esta exposición podrás disfrutar de una experiencia inmersiva convirtiéndote en un auriga y disfrutar de una carrera o paseo por el Circo Romano a través de la Realidad Virtual.
El Placer de la Música
La música en Roma estuvo presente tanto en el ámbito privado como en el público. Desde la cuna, los sonidos musicales acompañaban a los recién nacidos y la música formaba parte de la educación. El canto, el aprendizaje de los instrumentos musicales y la danza podían cultivarse en la propia casa, pero existían escuelas de música.
La música era el acompañamiento perfecto de las representaciones teatrales, servía para marcar los ritmos en los juegos del anfiteatro y en las acciones bélicas, y formaba parte de la pompa circense y de las celebraciones de las victorias militares. Los músicos profesionales, que solían agruparse en asociaciones (collegia), acompañaban los cortejos funerarios y alegraban los banquetes.
Se conocen más de cincuenta instrumentos musicales bajo denominaciones griegas o romanas aunque, en ocasiones, se da la paradoja de que de muchos de ellos se poseen representaciones figuradas pero, por el contrario, se carece de noticias. Una buena representación figurada de ellos puede verse en varias salas del Museo Nacional de Arte Romano.
Horarios
Tarifas
Localización















